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Josefina, atiende a los señores. Un cuento de Guillermo Cabrera Infante.

Josefina, atiende a los señores.


 Bueno, la cosa es que cuando uno tiene una casa no puede dejarse pasar la mota, porque ya se sabe que camalión que no muerde. Porque, mire, por ejemplo, esa muchacha Josefina. Es de lo mejorcito. Limpia, asiadita, no arma bronca nunca y vive aquí, con lo que uno la tiene siempre a mano, y nunca anda regatiando que si le ha quedado poco, que si el tanto por siento de la casa, que si es mucho que si esto que si lo otro y lo de más allá. Por ese lado no tiene undefegtico. Bueno, pero sin embargo, no hay quien la haga moverse de la cama. Mire que yo le digo: Josefina, has esto, Josefina, has lo otro. Josefina, esta niña, muévete. Sé más viva. Pues ni con eso. Y le ando atrás todo el bendito día. Porque a diligente sí que no me gana nadie. Si no, ¿cómo cre usté que yo hubiera llegado a montar este localsito? No crea que me he ganado esto con el sudor de mi sintura nada más. Qué va. De eso nada. A fuersa de espabilarme y de trabajar muy pero muy duro. Y no sólo orisontal. Porque, el difunto, que en pasdescanse, no me dejó más que deudas. Y ya usté sabe lo que era esto: yo aquí, una mujer sola para atenderlo todo y llevarlo alante. Pero yo ni dormía. (Bueno,igualito que ahora.) A las cuatro o las sinco cuando se iba el último cliente, yo cogía y me ponía a contar el dinero y a repartir lo de cada una (porque eso sí: a repartir parejo lo que con justicia le toca a cada una, no hay quien me gane). Pues después que repartía el dinero, levantaba al chiquito que me limpia y lo hacía ponerse a trabajar a esa hora. Bueno y para no cansarlo, me acostaba dos o tres horas nada más y a las ocho ya estaba yo despertando a las muchachas que tienen el turno de por la mañana para que se arreglaran y recibieran limpias y compuestas a los clientes mañaneros. Porqueusté sabe que hay gente que tienen sus manías y vienen aquí al ser de día para coger a las muchachas frescas y descansadas, y otros para evitar lo de las enfermedades. Vea, ¡como si una noche pudiera borrar las cruses! Pero bueno, hijo, hay que complaserlos a todos, porque eso sí: si una fama tengo yo es la de ser complasiente, porque para mí siempre el cliente, como es el que paga, tiene la rasón y no porque éste sea un negosio de andar en cueros, no vaya a pensar que no hay que darle a cada uno lo que pida. Bueno, pero para no cansarlo, le diré… ¿por dónde iba yo? Ah sí.

Pues mire usté, después de las ocho ya no paraba yo: vaya a la plasa a haserlos mandados, cáigale arriba a la cosinera, después de comer, a resibir a las que duermen fuera y ponerlas pronto a trabajar (porque usté sabe que si una fama tiene mi casa es la de tener siempre muchachas a disposición del que venga, a cualquier hora del día que venga, hasta las dos o las tres de la madrugada), bueno, pues después de eso, me pongo a sacar lo que hayan ganado las vitrolas de los tres pisos, reviso cómo anda el baresito y mando al chiquito a la bodega, si hase falta cualquier bobería, y luego como ya es hora de la comida, pues a comer; y al acabar ya es de noche y bueno, para no cansarlo, que ya es la hora de empesar el ajetreo de a verdá verdá. Bueno, pues en todo ese tiempo ¿qué cre que ha estado hasiendo Josefina? ¡Dormiendo! Yo la he dejado porque ella lo único que pide es que la dejen dormir y ni siquiera anda peliando por la comida, que si es poco que si es mala, como algunas que yoconosco, y claro, yo la dejo dormir porque tengo que tenerla contenta: porque ella es muy solisitada por la clientela buena, pero rialmente esa muchacha es un dolor de cabesa contante. Yo comprendo que ella tiene proglemias de a verdá, pero ¡por favor! Quién no los tiene. Bueno, y usté me ve a mí detrás de ella: Josefina, vieja, baja que te buscan. Esta niña, ¿por qué no estás en el recibidor, atendiendo a la gente y no aquí tirada en la cama? Pues ella ni caso que me hase y entonses no me queda más remedio que mandar a buscar a Bebo, su marido, y únicamente así es como ella se levanta, se arregla y está dispuesta a trabajar. Yo creo que ella no se da cuenta de cómo la trato, con qué consideración. Porque bueno, vamos a ver: si ella estuviera en uno de esosguachinches de entra que te conviene, y no en una casa como ésta, de las grandes, respetada, autorisada por la policía y sin un proglemia nunca, donde no se arresiben menores y hay que tocar para entrar y no entra todo el que quiere; ¡y en la calle que está! Porque usté sabe que eso de tener una calle seria no lo consigue todo el mundo. Pero bueno, para no cansarlo, voy a terminar de contarle lo de Josefina.

Claro que ella no se llama Josefina. Ése es el nombre para el negosio, pero todo el mundo cre que es el de a verdá, y yo creo que le conviene esa crensia. Yo no voy a cogerme las glorias de habérselo puesto. Fue ella misma la que lo escogió, porque no le gustaban nada los de siempre, de Berta, de Siomara, de Margó y los demás. Así que se quedó Josefina.

Claro que tampoco es de por aquí. Es de Pinar. Ella vino de allá a trabajar en una casa particular. Por Almendares. Y aunque ganaba poco, estaba contenta porque le daban cuarto y comida y sus ventisinco. Y entonse llegó este Bebo (que tampoco se llama Bebo), que entonse tenía uniforme. Y la enamoró y a la semana se metía en su cuarto de encima del garaje. Y ya usté se puede imaginar el resto. Bueno, total: que él dejó de ser soldado y ella dejó de ser criada. Ella al principio se resistió y cuando me la trajieron aquí la primera ves, mordía. No hablaba con nadie. Hasta trató de matarse. ¿Usté no ha visto las marcas que tiene en la muñeca? Pero se acostumbró como se acostumbra uno a todo. Yo al principio era igual y ya ve usté. Ahora, que yo después de todo he tenido suerte. Ella no.

Ella se le fue a Bebo un día con un chulo medio alocado, bien parecido él, Cheo, que vino de Caimanera: un verdadero pico de oro. Figúrese que le dicen Cheo Labia. Pues no duró mucho. Entonses fue cuando ella se metió en aquello de las canosas de carnaval y usté recuerda lo del fuego. Bueno, total: que tuvieron que cortarle el braso y el otro la dejó. Entonse yo por pena la fui a visitar al hospital y al salir fue ella la que me pidió que la trajiera de nuevo. Luego volvió con Bebo. Y para que vea usté lo que es la gente, en ves de perjudicarla lo del braso, la benefisió y con su defegto y todo, es la que máshase. Porque oiga, hay gente para todo. Dígamelo a mí que a lo largo de mi carrera me he topado con cada uno. Conosí un tipo que no quería acostarse más que con mujeres con barriga y siempre andaba cayéndole atrás a las en estado. Había otro tipo que se privaba por las cojas ¡y cómo las pagaba! Podrá creer que ese tipo no las quería para acostarse, sino que las desnudaba a las pobres y se ponía acarisiarle la pierna mala, hasta que le ocurría y se iba, sin haberse quitado ni el sombrero. Y allá en Caimanera conosí un yoni, marinero él, que no quería más que biscasDesía “cokay, cokay”, y de ahí no había quien lo sacara. ¡Hay cada uno!

Bueno, para no cansarlo, esta muchachita, Josefina (porque como usté habrá visto es linda sin cuento), se volvió la perla de mi casa. Y es claro, en esas condiciones hay que complaserla y por eso es que yo la tengo como la tengo, que le doy lo que pida. Si no.

¿Esigente? ¿Ella? Si no pide ni agua. Ahora que desde que volvió, después delsusedido, tengo que guardarle de su parte para que se compre pastillas para dormir. Sin que se entere Bebo, claro. Porque parese que ella se acostumbró en el hospital, pa dormir y aguantar los dolores y eso, pienso yo, a tomar esaspílduras y ahora no hay quien se las quite. Entonse es cuando lo único molesta, cuando le falta su “sedonal” y no viene rápido el chiquito de la botica con el mandado. Oiga y que eso es como la mariguana y la cocaína. Un visio. Yo digo que con visios sí que no se puede ni trabajar ni vivir tampoco. Porque, diga, bastante tiene uno ya con estar esclavisada a un hombre para que también tenga que estar gobernada por unos frijolitos de ésos. Pero bueno, ése es su único alivio y como a mí no me cuesta ni dinero ni trabajo guardarle su parte y encargarle con el chiquito las pílduras, pues lo hago. Ahora que es una lástima una niña tan bonita como ella. Porque eso sí: ella es un cromo. Un cromito. Pero bueno, resinnasión. Ella nació con mala pata. Primero lo del camión y ahora lo del niño, no es jarana. Porque eso último sí que no lo quiero ni pa mi peor enemiga. Porque hay que ver cómo se esperansa uno con una barriga. Ya cre usté que va a salir de todos los apuros y que el hombre se va a regenerar y a portarse como persona desente de ahí palante aunque luego uno se desilusione, como me pasó a mí. Aunque a Dios grasias, mi hija salió buena. Está mucho mejor que yo. Porque oiga, ahí en Panamá está ganando lo que quiere y es la envidia de todas las que hasen el Canal: desde negras jamaiquinas hasta fransesas. Bueno, para no cansarlo, como le iba disiendo: eso del niño sí que fue unjaquimaso. Porque perder un braso, bueno todavía queda otro para acarisiar y si no, la boca: mientras no se pierda lo que está entre las piernas. Pero ella pasó una. Las de Caíñas, sí señor. Ella que como le dije estaba tan esperansaday va, y la criatura le nase muertesita. Ahora mejor así: porque era unfemómemo, un verdadero mostro. Oiga, un femómemo completo. Hasta podía haberlo enseñado en un sirco, que Dios me perdone. Es claro, eso la acabó de arrebatar. Estaba como boba, hubo días que ni salió del cuarto. Pero bueno, se le pasó. Es claro, que si no hubiera sío por las pastillas. Usté ve, ahí sí que la ayudaron mucho.

Bueno, para no cansarlo, que si esa muchacha no estuviera conmigo que soy considerada y hasta me he encariñado con ella, la pasaría muy mal, porque yo sí que no la molesto y con tal que ella me cumpla. Porque si algo tengo yo es que soy comprensible, yo entiendo los proglemias de cada cual y repeto el dolor ajeno, claro mientras no me afette. Ni a mí ni a mi negosio. Porque como disenlos americanos bisne si es bisne. Pero esa muchacha Josefina, como le he contado, le tengo afegto de madre de a verdá. Sin motivo, porque mi hija es mucho más joven (y así y todo quién va a decir que yo tenga ya una hija devente años, eh), es más joven y es más bonita, además que mi hija tiene suapreparasión. Porque eso sí: yo siempre me dije… Usté perdone, con permiso, me va a disculpar un momentico porque por ahí entra el Senador con su gente, siempre bien acompañado el Senador. Quiay Senador. Cómo le va. Enseguida estoy con usté. (Aquí enternós: el Senador está metido con josefina, dise que no hay quien se mueva como ella, además dise que ese mocho de braso lo ersita como ninguna cosa, me dise el Senador: Esa manquita tuya vale un tesoro, carádise. Si no fuera tan dormilona, dise. Ahora que hasta dormida se mueve, dise. Se mueve. Es una anguila la chiquita, dise él. ¡Ese Senador es el demonio! Bueno perdóneme. Que tengo que llamar a esa muchacha antes que el Senador se meimpasiente. ¡Josefina! ¡Josefina!

Josefina, atiende a los señores.

-       Guillermo Cabrera Infante

Portada Navideña Alternativa de TinTin
By . Mr. Hipp

Portada Navideña Alternativa de TinTin

By . Mr. Hipp

Advent 20 - Oscar Cash

Playlist Vol. 3

●  Neon Indian - Polish Girl  ( http://youtu.be/Fo6ZaCTqxwM )  

●  The XX - Crystalized  ( http://youtu.be/Pib8eYDSFEI )

●  Tokyo Police Club - In A Cave  ( http://youtu.be/AXPwzaGeuuk )

●  Cut Copy - Need You Now  ( http://youtu.be/r2xovJyBo-0 )

●  DJ Trujillo - Distance  ( http://youtu.be/q9Lj8gjHl8Q )

●  The Amplifetes - When The Music Died  ( http://youtu.be/7yTCJoAL5v8 )

●  Daft Punk - Face To Face  ( http://youtu.be/dKJfJMMsqX4 )

●  Plastilina Mosh - Pervert Pop Song  ( http://youtu.be/PN0u3mzAwj8 )

●  SebastiAn - Embody  ( http://youtu.be/awtiZEiiAE8 )

●  De Juepuchas – Juepuchas!  ( http://youtu.be/TQ-i21tFkAg )

●  BeatauCue - Disque Oh!  ( http://youtu.be/A84xeR8WEJE )

●  Jan Turkenburg - In My Spaceship (Breakbot Remix)  ( http://youtu.be/hJCTL5apnwM )

●  Tunacola - Sudamerican Rockers  ( http://youtu.be/R5vTMu1b7wU )

Cuento de Navidad, un cuento de Ray Bradbury

Cuento de Navidad


El día siguiente sería Navidad y, mientras los tres se dirigían a la estación de naves espaciales, el padre y la madre estaban preocupados. Era el primer vuelo que el niño realizaría por el espacio, su primer viaje en cohete, y deseaban que fuera lo más agradable posible. Cuando en la aduana los obligaron a dejar el regalo porque pasaba unos pocos kilos del peso máximo permitido y el arbolito con sus hermosas velas blancas, sintieron que les quitaban algo muy importante para celebrar esa fiesta. El niño esperaba a sus padres en la terminal. Cuando éstos llegaron, murmuraban algo contra los oficiales interplanetarios.

-¿Qué haremos?

-Nada, ¿qué podemos hacer?

-¡Al niño le hacía tanta ilusión el árbol!

La sirena aulló, y los pasajeros fueron hacia el cohete de Marte. La madre y el padre fueron los últimos en entrar. El niño iba entre ellos, pálido y silencioso.

-Ya se me ocurrirá algo -dijo el padre.

-¿Qué…? -preguntó el niño.

El cohete despegó y se lanzó hacia arriba al espacio oscuro. Lanzó una estela de fuego y dejó atrás la Tierra, un 24 de diciembre de 2052, para dirigirse a un lugar donde no había tiempo, donde no había meses, ni años, ni horas. Los pasajeros durmieron durante el resto del primer “día”. Cerca de medianoche, hora terráquea según sus relojes neoyorquinos, el niño despertó y dijo:

-Quiero mirar por el ojo de buey.

-Todavía no -dijo el padre-. Más tarde.

-Quiero ver dónde estamos y a dónde vamos.

-Espera un poco -dijo el padre.

El padre había estado despierto, volviéndose a un lado y a otro, pensando en la fiesta de Navidad, en los regalos y en el árbol con sus velas blancas que había tenido que dejar en la aduana. Al fin creyó haber encontrado una idea que, si daba resultado, haría que el viaje fuera feliz y maravilloso.

-Hijo mío -dijo-, dentro de medía hora será Navidad.

La madre lo miró consternada; había esperado que de algún modo el niño lo olvidaría. El rostro del pequeño se iluminó; le temblaron los labios.

-Sí, ya lo sé. ¿Tendré un regalo? ¿Tendré un árbol? Me lo prometieron.

-Sí, sí. Todo eso y mucho más -dijo el padre.

-Pero… -empezó a decir la madre.

-Sí -dijo el padre-. Sí, de veras. Todo eso y más, mucho más. Perdón, un momento. Vuelvo pronto.

Los dejó solos unos veinte minutos. Cuando regresó, sonreía.

-Ya es casi la hora.

-¿Puedo tener un reloj? -preguntó el niño.

Le dieron el reloj, y el niño lo sostuvo entre los dedos: un resto del tiempo arrastrado por el fuego, el silencio y el momento insensible.

-¡Navidad! ¡Ya es Navidad! ¿Dónde está mi regalo?

-Ven, vamos a verlo -dijo el padre, y tomó al niño de la mano.

Salieron de la cabina, cruzaron el pasillo y subieron por una rampa. La madre los seguía.

-No entiendo.

-Ya lo entenderás -dijo el padre-. Hemos llegado.

Se detuvieron frente a una puerta cerrada que daba a una cabina. El padre llamó tres veces y luego dos, empleando un código. La puerta se abrió, llegó luz desde la cabina, y se oyó un murmullo de voces.

-Entra, hijo.

-Está oscuro.

-No tengas miedo, te llevaré de la mano. Entra, mamá.

Entraron en el cuarto y la puerta se cerró; el cuarto realmente estaba muy oscuro. Ante ellos se abría un inmenso ojo de vidrio, el ojo de buey, una ventana de metro y medio de alto por dos de ancho, por la cual podían ver el espacio. El niño se quedó sin aliento, maravillado. Detrás, el padre y la madre contemplaron el espectáculo, y entonces, en la oscuridad del cuarto, varias personas se pusieron a cantar.

-Feliz Navidad, hijo -dijo el padre.

Resonaron los viejos y familiares villancicos; el niño avanzó lentamente y aplastó la nariz contra el frío vidrio del ojo de buey. Y allí se quedó largo rato, simplemente mirando el espacio, la noche profunda y el resplandor, el resplandor de cien mil millones de maravillosas velas blancas.

- Ray Bradbury

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Laz Agallaz de Adelita, un cuento de Roberto Echeto

LAZ AGALLAZ DE ADELITA

Adelita eztuvo cazada con un gordo llamado Antonio Marzial. Ella lo quería y lo admiraba mucho. Ziempre que Marzial zalía con zu gente, zuz piztolaz y zuz pataz de cabra a birlarze algún carro, Adelita loz acompañaba, zecundando en todo a zu marido, zerebro y motor de cada operazión.

Un día Marzial ze enfrazcó en un tiroteo con nozotroz y no vivió para contarlo. El jefe de la mayor banda de ladronez de carroz había caído en zu propia ley.

Pazaron doz añoz. Todo iba de maravillaz hazta que un buen día noz dimoz cuenta de que alguien máz había tomado el control de laz operazionez del gordo Marzial.

Tenía que zer Adelita. No podía zer otra perzona.

Adelita robaba, compraba y vendía carroz robadoz. Pronto ze convirtió en un azote, en una jefa tan hábil como cualquiera… Claro zi aprendió todaz laz mañaz de zu difunto marido, que era un Ariztótelez del crimen, ¿qué otra coza ze podía ezperar?

Adelita no zólo traficaba con autoz. También ze metió con aztuzia nunca vizta en otroz negozioz de loz cualez era aparentemente zólo zozia. Quien zabe. A lo mejor ya ella ze había metido a negoziar bazura de contrabando, narcóticoz y eztorzión zin que zu marido lo zupiera. Porque ezo zí tenía el gordo Marzial: nunca ze metió en otro azunto que no fuera el de loz carroz. Unoz polizíaz infiltradoz en zu banda noz contaron una vez que el gordo ziempre dezía: «ante todo hay que zer caballero. Yo podré zer un mierda ladrón de carroz, pero no zoy narcotraficante ni ninguna coza de ezaz que haze daño de verdad».

Adela era una linze. Pareze que laz primeraz operazionez que ella mizma planificó no zalieron bien. Quizáz por zu belleza o por zu juventud la gente no confiaba en ella. Tuvo que fajarze duro con loz tipoz que le tenían ojeriza. A máz de uno mandó a darle maztuerzo para aplacarle loz ánimoz a zuz colaboradorez.

Pero el día en que ze ganó definitivamente el favor de la banda fue cuando ella mizma dirigió laz operazionez en el lugar del hurto. Para ezo inventó un plan aparentemente tonto, que, zin embargo, tenía zuztento teórico, como diría un buen académico.

Rezulta que para realizar zuz operazionez criminalez, la muchacha le ordenó a todo zu perzonal que conziguiera ropa de gala. Todoz loz hombrez debían utilizar un ezmoquin o un traje a la medida, mientraz ella veztía un traje de novia con velo, corona, buqué y una piztola ezcondida en el corpiño. Azí ataviadoz y en zuz autoz en fila, zaldrían loz ezpertoz en la dezaparizión de vehículoz. Cada Merzedez, cada Toyota, cada Chevrolet, cada BMW, cada Mitzubizhi que ze atravezara en el camino de tan zingular cortejo, ze abría con laz pataz de cabra y ze unía a la fila de autoz zelebrantez que daba vueltaz por todaz partez, dando cornetazoz.

Era un plan ezelente. Zobre todo zi ze pienza que nadie podía zozpechar de una caravana nupzial que recorría la calle dizfrazado de ezcándalo e inozenzia.

Lamentablemente a zuz zozioz o a zu competenzia lez dizguztó algo del eztilo de Adelita. Hoy la conzeguimoz veztida de novia dentro de un Fiat viejo que eztaba a zu nombre.

Tenía la piztola en la mano izquierda y la mirada fija en el volante.

Roberto Echeto.

Artista en la Mira: Roman Klonek

Artista en la Mira: Roman Klonek

La tradición de un cómic añejado.

 

Roman Klonek nació en Kattowitz, Polonia. De ahí surge, desde temprano, su fascinación e influencia con el cómic de la vieja escuela, especialmente los que se realizaban en Europa del este.

Esta pasión inherente por el cómic la desarrolla artísticamente en los 90´s, cuando, estudiando artes gráficas en Alemania, descubre la impresión a través del grabado sobre madera. Técnica antigua y artificiosa que se volvería el punto de inflexión en la estética de Klonek. Lo que marcaría las pautas de sus trabajos hasta el día de hoy.

Sus obras deberían verse como posters. Posters que después de un minucioso tallado, paciencia, y capas de pintura obtienen vida. En ellos, se representan una enorme y colorida gama de personajes extravagantes, criaturas inusuales, donde la línea que separa lo humano y lo animal no parece existir. Los protagonistas de dichos posters se encuentran es su mayoría en situaciones fuera de lo común, todo dentro de un marco balanceado entre la propaganda vintage, el folklore, y por supuesto, la cultura pop.

Roman Klonek intenta regresar a sus raíces europeas del arte y presentarnos un abanico de imágenes que constituyen su imaginario. Y lo hace con un estilo bien característico que nos deja cierta reminiscencia de las décadas pasadas, aún manejando conceptos y situaciones completamente contemporáneas. Quizás, así como ciertos licores que descansan en barrica, las obras de Klonek se añejan junto a la madera que las imprime, y llevan junto consigo ese legado, esa tradición y textura de un cómic que se ha estado gestionando durante mucho tiempo en la mente de su creador.

 

http://www.klonek.de/

 


Plástico

By - Inechi

http://inechi.tumblr.com/

Álbum familiar, un cuento de Ednodio Quintero.

 

Álbum familiar


«Y ésta es la foto de nuestro único hijo, muerto la tarde de su quinto cumpleaños».

Frías como cuchillos las palabras de la anciana surcaron el aire del corredor. Y en seguida, sin darme oportunidad para tomar aliento o, al menos, para buscar apoyo en una silla, otra frase se levantó de aquel hocico puntiagudo.

«Comprenderá que para una pareja de cuarentones se trataba de una pérdida irrecuperable; sin embargo, no nos resignamos: hicimos el intento y fracasamos. Desde entonces nos consagramos, día y noche, al cultivo de su recuerdo».

Mientras hablaba, la anciana dejaba que sus dedos amarillos se deslizaran sobre la fotografía. Imaginé un mundo de saña en aquella caricia prolongada. Busqué y no encontré huellas de amargura en la superficie de su rostro pálido, casi transparente. Confundido me asomé a la orilla de sus ojitos grises, y sólo pude ver mi doble rostro flotando en un pozo de aguas sucias.

Aturdido me alejé del corredor y durante un rato permanecí de pie, recostado a un naranjo, contemplando el amontonamiento de nubes en la colina de enfrente. El gris torcaza anunciaba una tarde lluviosa. Y el río que bramaba abajo en la ladera, con su carga de troncos, ovejas y miles de hojas secas, se había convertido en un obstáculo para mi huida: el único puente había sido arrastrado por la crecida, media hora después de mi llegada. Así que, me vería obligado a pasar la noche y el día de mañana y la otra noche bajo el techo de aquel manicomio.

Por un momento llegué a pensar que la anciana deliraba. Descarté esta idea y la sustituí por otra más tranquilizadora: no queriendo admitir el avance de su ceguera, la anciana actuaba con naturalidad, razón por la cual podía confundir el primer plano de un perro ovejero con el perfil de su único hijo, muerto la tarde de su quinto cumpleaños.

Arreció la lluvia, y como fiera enjaulada recorrí pasillos, salas y aposentos, y pude ver, colgados a las paredes, adornando une repisa o la esquina de una mesa, pude ver: bozales, cadenas y collares, estatuas de barro, máscaras y figuras de porcelana, fotos ampliadas, dibujos y grabados… La acumulación de signos de aquel extraño culto familiar aumentó mi desconcierto. Aquella noche dormir hubiera sido un acto temerario. Presentía que al cerrar los ojos, una avalancha de perros ovejeros entraría por la ventana, a dentelladas y mordiscos destrozarían las imágenes más queridas de mi sueño.

Con la agudeza de pensamiento producida por las noches en blanco me di a la tarea de buscar una explicación satisfactoria al asunto perros. Antes del amanecer, mis conjeturas se habían canalizado hacia dos posibilidades. Primera: la pareja, ante la imposibilidad de tener hijos, decidió adoptar el perro ovejero. Segunda: la mujer, efectivamente, parió el perro. En cualquiera de los casos, la muerte había aportado un final decente.

Me levanté muy temprano, hambriento y fatigado, dispuesto a no dejarme ganar por la locura. Esperen, no se vayan. Existe una tercera posibilidad, la vislumbré al final del desayuno cuando todos nos echamos a ladrar.


Ednodio Quintero

Devoción Cherokee, un poema de Mario Santiago Papasquiaro

DEVOCIÓN CHEROKEE

 

Poesía atroz, te amo de siempre, Patees, silbes, muerdas o vueles

Bendita mía, pétalo santo, bendita mía, coño encharcado.

Mi yo eres tú, vamos al rastro,

Sangre de pálpitos belleza alada

Rompes mis ancas me traes de un alba

Rompes mis ancas me traes de un alba

Sin otra opción hurgo en tus astros a gatas

Escribo, meo, cojo, me embriago, bailo con ratas.

Sin otra opción hurgo en tus astros a gatas

Escribo, meo, cojo, me embriago, bailo con ratas.

De un sol obtuso, vidrio de barda,

No me regreses plasma gandalla

En ti soy otro, pulso mis ganas, en ti soy otro, ¡afilo mis garras!

No hay muerte, no hay calma, contigo, oleajes, lunas, Saharas

El riel de un hueco, los colmillos de un puerco

El riel de un hueco, los colmillos de un puerco

Sin otra opción hurgo en tus astros a gatas

Escribo, meo, cojo, me embriago, bailo con ratas.

Sin otra opción hurgo en tus astros a gatas

Escribo, meo, cojo, me embriago, bailo con ratas.

Poesía atroz, te amo de siempre, patees, silbes, muerdas o vueles

Bendita mía, pétalo santo, bendita mía, coño encharcado.

Muevo el rostro, no escupo nada, más te miro, soy tu delirio

Soy tu destello, eres mi hacha, soy tu destello, poesía atroz eres mi hacha

“Más allá de la poesía la rata ruge

locamente sin retorno

siempre el juego, el estado beligerante

flecha lanzada sin cesar

a contracorriente

flecha lanzada sin cesar

cara a cara de la muerte

más loca y más ansiosa

de cerca, de lejos, convulsivamente

y voz desgarradora”

Sin otra opción hurgo en tus astros a gatas

Escribo, meo, cojo, me embriago, bailo con ratas.

 

 

-       Mario Santiago Papasquiaro

“si he de vivir que sea sin timón y en el delirio”.

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